En el viñedo más grande del planeta, la vid forma parte de la cultura de los manchegos que la cultivan con esmero y con el buen hacer que se ha ido transmitiendo generación tras generación. En su mayor parte se realiza como cultivo único en secano, siendo la conducción del viñedo en formas libres y bajas, principalmente en vaso y con podas corte a la manchega, tipo de poda en la que se dejan pulgares a una yema vista y la ciega. Las variedades de uvas permitidas por el Consejo Regulador son en blancas; la Airén que es la preferente y la que mayor extensión ocupa, la Viura o Macabeo, la Pardilla, la Chardonnay y la Sauvigon Blanc. Y en tintas; Cencibel o Tempranillo que es la preferente, la Garnacha, la Moravia, la Cabernet Sauvignon, la Merlot y la Syrah. Con estas excelentes uvas y la aplicación de las innovaciones tecnológicas se dan vida a unos grandes vinos, con matices muy singulares. En los vinos blancos se suele utilizar la variedad airén y Viura para los jóvenes, la chardonnay para los fermentados en barrica y la sauvignon blanc para la realización de coupage. Por lo general son vinos francos, de graduación moderada, afrutados y aromáticos. Los vinos tradicionales tanto blancos como tintos, elaborados por el método tradicional aunque implementado por los últimos avances tecnológicos guardan un punto de distancia entre los jóvenes y los de crianza ya que su conservación ha sido realizada en depósitos o en tinajas. Los rosados elaborados principalmente con la variedad garnacha, también se elaboran con la Cencibel, son de bellos, brillantes y vivaces tonalidades, afrutados y en boca se muestran ligeros y frescos. Los tintos de crianza, con dos años de envejecimiento natural, de los cuales uno de ellos deberá ser en barrica, son vinos de color intenso y nariz fina, de un sedoso paso por boca, plenos y redondos. Los tintos reserva, tendrán una crianza mínima de doce meses en barrica y 24 meses en botella y los tintos gran reserva tendrán una crianza mínima de 24 meses en barricas de roble y 36 meses en botella. En La Mancha también se elaboran vinos Espumosos mediante el método tradicional, con un mínimo de nueve meses de crianza en botella, elaborados con la Airén y la macabeo o un coupage de ambas son vinos brillantes de burbujas pequeñas y persistentes, de claros aromas frutales, frescos y equilibrados.